Se dice que nuestra justicia es lenta; que es ineficiente y nunca llega. Todas estas afirmaciones no dejan de tener un cierto grado de certeza en un escenario marcado por un ordenamiento jurídico sin medios y con una cúpula judicial escogida por el poder político. Sin embargo, ¿Cuál es la esencia del problema en la justicia penal? La ineficiente Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Tenemos una Ley de Enjuiciamiento Criminal que nació en 1882 para delitos propios de una sociedad industrial, como robos, homicidios o asesinatos. Esta la ley, apropiada para entonces, no está preparada para afrontar la realidad del siglo XXI. Nuestra LECrim refiere que quien instruye el delito es el juez, pero sin embargo, no es el juez quien investiga. En países de nuestro entorno, encontramos una Fiscalía queprepara las primeras fases del proceso, investiga, propone pruebas y acusa, y sin embargo en España se limita a llegar (si es que llegan) en la última fase del proceso. ¿Y quién investiga realmente? La Policía.Pero esta cuando la causa se judicializa se limita a decir que solo procederán según orden judicial.

¿Y qué nos encontramos? Con situaciones tan deplorables como la vivida el último fin de semana, durante el cual, un pandillero de una banda latina asestó tres  puñaladas a un ciudadano. El agresor se encuentra en libertad. ¿Por qué? Porque aunque fue identificado por la víctima en sede policial, la causa ya estaba judicializada. La Policía no detiene a la espera de la decisión judicial. El juez no detiene porque dice que no conoce la identidad del agresor. ¿El resultado? El culpable libre, la víctima con más de treinta puntos de sutura y una justicia que es deleznable para todos.

Por eso la justicia penal merece una profunda y sería reforma para que la investigación (sea realizada por el órgano que sea) sea eficiente, proteja a la víctima y condene al culpable.

Uno no debe adaptarse al cambio, sino crearlo.” Jorge Gonzalo Moore.

 @Juango_Ospina

Abogado – Politólogo

Presidente de la Agrupación de Jóvenes Abogados de Madrid